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La contracara de buscar la felicidad


Por Víctor Paz    

Publicado en


Ser fiel a uno mismo da una sensación que, aunque muy atractiva, en realidad resulta mucho más agridulce. Sobre todo si nuestra decisión adversa de alguna forma los cánones sociales.  En el sentido más estricto de la vida, la única persona que estará a su lado siempre será usted mismo. Ni su cónyuge, ni sus hijos, ni sus amigos o compañeros de trabajo. Por eso, es sumamente placentero sernos fieles a nosotros mismos. De hecho, las personas que no lo hacen, a la larga pueden terminar presentando ciertos trastornos afectivos.  Pero por otro lado necesitamos de los demás, para facilitarnos ampliamente la supervivencia: Comer, cuidarnos, reproducirnos etc. E inclusive, y no menos importante, de nuestra interacción social nace gran parte del bienestar mental y emocional que podamos llegar a tener.  

¿Pero qué nos ocurre al olvidarnos de nosotros mismos durante mucho tiempo? Un dolor que podría superar al de ser ignorado por los demás. Porque a los demás los vemos, y sentimos su desprecio o maltrato. Pero podemos, hasta cierto punto, huir o escondernos de ellos. ¿Sin embargo, cómo huir o esconderse de uno mismo? Cuando el dolor es interno, es más fácil enterrarlo bajo tres metros de indiferencia que afrontarlo o escapar de él. Por eso a veces nos urge tanto sernos fieles a nosotros mismos. Y se siente tan bien hacerlo, que ni siquiera pensamos en el entorno social que arrastramos detrás. 

Ahora bien, ese entorno social que arrastramos detrás genera duelo. Es decir, la sombra de la euforia que sentimos al reivindicarnos con nosotros mismos. Y con ese duelo hay que aprender a vivir. Hacer lo mejor para uno, suena heroico, muy bonito y sanador, pero también hay que considerar y asumir la responsabilidad de vivir “a nuestro estilo” dentro de un entorno social adverso. Aún inclusive, estando completamente seguros de que hacemos “lo correcto”… Mire, todo esto podría sonarle muy romántico pero en el  fondo es peligrosamente poco realista, y no verlo antes genera aún más dolor. Aunque mucha gente se acerque a “felicitarle” y le diga que usted es su héroe o heroína, la única persona que soportará en carne propia el duelo de una posible ruptura social será usted. Ahora bien, siempre quedarán (y ayudan bastante) el apoyo terapéutico y los allegados que pueda usted mantener. Pero deberá prepararse para perder gente (conocidos, amistades) e inclusive dinero, bienes, estatus social etc. Porque así como usted asume su derecho de ser como quiere, los demás asumen por igual su derecho de aceptarle o rechazarle. Respetar eso, es parte medular de la madurez que precisan nuestros cambios internos al exteriorizarlos.  

Hay personas que han quedado sin trabajo, sin hogar ni amigos por hacer lo que quieren o consideran correcto.  Y todo sin haber recibido una gratificación por haberlo hecho. Conozco por ejemplo, el caso de una persona que rechazó participar en un acto de corrupción, y ya tiene varios meses de estar desempleada. Muchos le dijeron que había “hecho bien”, pero el drama real lo ha tenido que vivir ella en directo. Igual, supe de otra persona que supuestamente aceptó corromperse, llegando a ganar bastante dinero inclusive. Pero así mismo lo perdió en abogados, subiendo y bajando escaleras para no quedar preso. Por otro lado, son innumerables las historias de corruptos que andan por allí, felices, sin ley que los afecte.

En fin, la decisión de “hacer lo que se quiere, sea o no lo correcto” la mayoría de las veces será exclusivamente suya. Pero así también, la responsabilidad y cómo se sienta al respecto. De cualquier forma, considere que usted jamás estará completamente solo o sola, y menos aun decidiendo, o haciendo lo correcto.